
Antes que nada os pondré en situación. Domingo pasado, recién llegado a mi casa desde tierras extremeñas, con la resaca y la depresión postcontempopránica en su más avanzado estado, me dispongo a realizar el paseo web de rigor. De repente como última entrada del sábado en hipersónica me encuentro el notición. ¡¡¡El futuro nuevo disco de Arcade Fire se había filtrado!!! No esperaba que esto sucediese con toda la expectación que tamaño lanzamiento despierta, así que, olvidándome por unos instantes de la dura vuelta a la realidad me dispuse, escribí las palabras mágicas en google (son muy sencillas) y en escasos cinco minutos me encontraba a punto de escucharlo, además con una calidad más que aceptable. Hay que ver que esto de internet se está cargando la música poco a poco.
Es lo que Arcade Fire han estado poniendo en práctica desde que comenzó su carrera. Es la única explicación que encuentro a que un grupo de siete personas sean capaces de componer en 2004 el disco que todos esperábamos y consagrarse desde el primer momento como un grupo único, grande y algo más difícil aún diferente. La única pauta válida para que tras dos años nos presentasen un segundo disco que nos pregunta con desdén ¿creíais que nuestro primer disco era algo demasiado grande para unos primerizos?, ¿Qué no podríamos repetir algo parecido y mucho menos superarlo? Y ahora cuando, tras tanto tiempo de espera, nos comenzaban a asaltar las mismas dudas estúpidas sobre estos canadienses, nos encontramos por sorpresa con The Suburbs. Los puedo ver en sus habitaciones jactándose de cómo somos tan espesos como para no darnos cuenta de que no nos habían contado todo lo que sabían y que por ahora no nos lo piensan contar (ni queremos).
The Suburbs es un disco que tras una primera escucha te deja con la extraña sensación de que todo ha sido demasiado bonito y ha pasado demasiado deprisa, así que lo escuchas otra vez y el disco te va soltando bofetadas que no sabes por que lado te van a venir, y lo escuchas otra vez hasta llevarte dos días sin parar de reproducirlo recreándote en cada alarde de preciosismo, en cada cambio de pista, en esos detallitos electrónicos tan sutilmente incrustados. Si, tiene un sonido distinto, mas nítido y menos enrarecido; y es un disco independiente y diferente de los anteriores, ya no son tan dramáticos, tan trágicos; pero sigue teniendo intacto el espíritu de este grupazo. Es un disco tan cambiante pero tan armonizado a la vez que pocas veces antes he disfrutado de sesentaitrés minutos tan agradables de soportar, dieciséis temas que tan perfectamente engarzados componen un todo digno de volver a escucharlo ya y dejar de escribir tantas tonterías.
Aquí una pequeña muestra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario